miércoles, 29 de enero de 2014

El retablo de Ntra. Sra. La Antigua de Monzón de Campos

La cabra se echa al monte. Proyecto Artístico/Plástico en tierra de campos. Estudios-Territorio. GÓMEZ PÉREZ, Enrique:  El retablo de Ntra. Sra. la Antigua de Monzón de Campos Enero 2014.

Texto completo:
EL RETABLO DE NTRA. SRA. LA ANTIGUA DE MONZÓN DE CAMPOS.
Enrique Gómez Pérez.
Centro de Estudios y Documentación del Camino de Santiago.
Carrión de los Condes (Palencia).
En la provincia de Palencia se conservan varias obras pictóricas que, tradicionalmente, se vienen atribuyendo al “Maestro Alejo”. En esta ocasión nos vamos a ocupar de un retablo conservado en la iglesia parroquial de Monzón de Campos. La obra destaca por su calidad, tanto pictórica, como escultórica. Como suele ser habitual en las composiciones retablísticas de finales del siglo XV, la imagen titular es una escultura, que en este caso se viene atribuyendo al imaginero asentado en Becerril de Campos: Alejo de Vahía. 
El Maestro Alejo y su taller, en este caso del retablo de Nuestra Señora La Antigua, contaron con la colaboración del imaginero Alejo de Vahía, quién tenía casa y taller en Becerril de Campos de donde era vecino en 1505 y donde, al parecer, aún residía en 1508. La imagen titular del retablo repite una iconografía ampliamente usada por Alejo de Vahía en ejemplares similares, como en la Virgen de la iglesia de Santiago de Medina de Rioseco, o las conservadas en el Museo del Louvre y en el Museo Marés de Barcelona, todas ellas de pié. Igualmente cultiva otra variante de esta misma iconografía, aunque en este caso sedente y de la cual sirve como ejemplo la Virgen de la Leche de Morales del Vino (Zamora). Todas ellas presentan ligeras variantes que enriquecen el amplio repertorio de temas representados por Alejo de Vahía. 
La alta calidad del conjunto de pinturas y escultura, ha motivado su restauración, reproducción y exposición en múltiples ocasiones, destacando su presencia en el ciclo de las Edades del Hombre (Memorias y Esplendores, Palencia 1999).
La dificultad a la hora de aclarar algo más sobre el Maestro Alejo y su actividad en la diócesis de Palencia, reside en que sus obras se vienen identificado por análisis comparativo y estilístico, tomando como referencia la única pieza firmada por él: una tabla con la representación de “Moisés”. El problema reside en que dicha obra actualmente se encuentra en paradero desconocido y únicamente se puede estudiar mediante reproducciones fotográficas. Pilar Silva Maroto ha estudiado la pintura hispanoflamenca castellana y atribuye estas pinturas del retablo de Ntra. Sra. La Antigua o Virgen de los Ángeles, al taller del Maestro Alejo y propone como fecha de realización del conjunto hacia 1490. Estas obras de Monzón de Campos se vienen poniendo en relación con los ensamblajes de los retablos de Santa María del Castillo de Frómista (hoy desmontado y parcialmente perdido) y el retablo de los Santos Facundo y Primitivo de Cisneros, ambos en la diócesis de Palencia. Hasta ahora la mayor obra atribuida al Maestro Alejo y su taller es el retablo de la iglesia de Santa María de Villálcazar de Sirga. De hecho hasta los estudios de Pilar Silva Maroto, el conjunto de obra ahora atribuida al Maestro Alejo y su taller, tradicionalmente se venía relacionando con el retablo mayor de la iglesia de Santa María de Villasirga, motivo por el cual se denominaban como obras del “Maestro de Sirga”. 
En el basamento del retablo de Monzón, hay una leyenda escrita con letras góticas donde dice:”O mater Dei. Memento mei. Este retablo mandó hacer el Señor Sancho de Rojas”. Este retablo por tanto, según reza esta inscripción, fue mandado realizar por un miembro de la familia de los Rojas, que eran señores de Monzón de Campos y posteriormente fueron marqueses de Poza de la Sal. La pertenencia del comitente y la vinculación del retablo con la familia de los Rojas, se remarca además con la presencia de los escudos de armas presentes en el guardapolvo del retablo, así como en los capiteles de la construcción que enmarca la escena de la Natividad. El problema a la hora de conocer correctamente al comitente que encargó la obra de Monzón, reside en identificar a que Sancho de Rojas hace alusión la leyenda escrita en el basamento. Bien pudiera ser Sancho de Rojas obispo de Palencia entre 1397 y 1415; o bien Sancho de Rojas, hijo del Conde de Castro y hermano del Conde de Cabra, el cual a finales del siglo XV, según Ortega y Gato, era el sexto señor de Monzón.
Otra de las curiosidades en torno a la obra en análisis reside en su advocación principal: Nuestra Señora La Antigua o Nuestra Señora de los Ángeles. La advocación de Nuestra Señora La Antigua, nos indica la antigüedad de la obra en la parroquia y cómo dicho retablo quizás en algún momento fue desplazado, devocionalmente hablando, por otro más moderno e igualmente dedicado a Nuestra Señora. Existe sin embargo la posibilidad de que se trate de una representación inspirada en Nuestra Señora La Antigua de Sevilla, pero en la que se ha preferido un volumen escultórico en lugar del pictórico original en el que se inspira. Esta fue una advocación muy popular en toda España desde el siglo XIV, debida en parte a los muchos milagros o fama del fresco sevillano original del siglo XIV, el cual ha pervivido pese a los avatares de su catedral. Esta fue una devoción copiada y traslada (generalmente en lienzo), fuera del entorno andaluz, llegando incluso a América. Esta denominación de Nuestra Señora La Antigua de Monzón ya aparece en distintos documentos parroquiales desde el siglo XVI (1594) y pervive aún en los del siglo XIX (1890). Modernamente en el siglo XX, quizás por la calidad de la escultura titular, desconocimiento u olvido de la advocación original de la titular, su retablo es más conocido como el de Nuestra Señora de los Ángeles. Incluso en varias ocasiones aparecen conjuntas e indistintamente ambas advocaciones.

Sobre la viga en la que se halla la inscripción descansa el banco o predela, en cuyo centro hay un cuerpo prismático muy elaborado con tracerías góticas, pero que no cumple la función de sagrario al no ser practicable. Sirve actualmente de peana de la imagen titular del retablo Nuestra Señora La Antigua o de los Ángeles. El retablo se estructura en su parte superior en tres calles, quedando reservado el único cuerpo de la calle central para alojar la escultura titular bajo un rico y gran dosel calado. Las calles laterales están divididas en dos cuerpos con pinturas bajo elegantes chambranas. Remarca el conjunto un guardapolvo donde se representan los escudos de los Rojas. Todo el ensamblaje del retablo y sus formas decorativas, vienen a repetirse en un grupo de retablos palentinos contemporáneos, incluso alguno de ellos relacionado con la producción pictórica del Maestro Alejo.
Las pinturas y la escultura, vienen a representar en su conjunto más importante el ciclo temático de la Navidad, centrado en los misterios de la Encarnación y Nacimiento del Hijo de Dios. Los temas se refuerzan iconográficamente con la escultura y son la máxima expresión del concepto de María Virgen como “Madre de Dios” y redundan en el carácter sobrenatural de la concepción y nacimiento de su hijo Jesús. En las tablas centrales están representadas la Anunciación y Encarnación del Verbo Divino, la Visitación de María a Isabel, la Natividad del Señor y la Epifanía. Redunda en esa maternidad divina de María, el que su escultura se inspire en los textos del Apocalipsis y venga a representar a la Inmaculada Concepción según una especial visión de Alejo de Vahía. El que se represente con el Niño Jesús en brazos y con dos ángeles, viene a remarcar que su nacimiento no es un hecho natural más, sino todo lo contrario es algo sobrenatural, de ahí la importancia de la presencia de los ángeles y los rayos que rodean la silueta de María, aquella “Mujer vestida de sol” de la que habla el Apocalipsis (Apocalipsis 12, 1). El planteamiento de esta escultura sigue esquemas medievales, mostrando a la Virgen de pie, en posición frontal, vestida con túnica y manto que cubre su cabeza. Su rostro detiene su mirada ante el fiel, girando levemente su cuello hacia el Niño Jesús, en una amable actitud. A diferencia de su homónima sevillana no sostiene en su mano una rosa, sino que nos muestra uno de sus senos, redundando así en la maternidad de María, mientras que Jesús Niño juega con un jilguero, todo ello siguiendo un lenguaje gestual y simbólico antiguo. Sobre su cabeza dos ángeles, que en origen sustentarían la corona. Si recordamos que su advocación es de “La Antigua”, es posible, que al igual que en el fresco sevillano de idéntica advocación, se aluda a la Purificación de María. Así en la pintura sevillana medieval de la Virgen de La Antigua, hay un tercer ángel con una cartela en la que se lee: “Ecce María venit ad Templum”, en clara alusión a la festividad de la Purificación de María cuarenta días después de haber dado a luz y fiesta mariana con la cual antes de la reforma del Concilio Vaticano II se cerraba el ciclo de la Navidad. Así según este planteamiento simbólico, ideológico y teológico, todas las representaciones pictóricas del retablo, han sido elegidas para redundar la idea de la maternidad divina de María y el carácter sobrenatural de la concepción de Jesús. Siguiendo los evangelios de Lucas y Mateo se inspiran las representaciones de la Anunciación y Encarnación del Verbo Divino (Lucas 1, 26), la Visitación de María a Isabel (Lucas 1, 39), la Natividad del Señor (Lucas 2,1) y la Epifanía (Mateo 2, 1). 
Las tablas de la predela representan: María Magdalena, Santa Elena, La Lamentación sobre Cristo muerto y Santa Ana con la Virgen y el Niño sentados en su regazo. El guardapolvo que enmarca el retablo, además de los escudos de los Rojas, alberga otras pinturas que representan a seis santos: San Francisco, San Pedro y San Juan Bautista (a la derecha). San Cristóbal, Santiago y San Juan Evangelista (a la izquierda).
En las representaciones de Santa María Magdalena, Santa Elena, la Visitación de María a su prima Isabel, Santiago, San Pablo y las dos tablas de los santos Juanes, a pesar de ser obra con atisbos renacientes, los fondos dorados cual finos guadamecí o tapices, recuerdan la larga pervivencia de todo un lenguaje relacionado con producciones musulmanas en nuestro país. Como elemento anecdótico recurrente, el Maestro Alejo o su taller, emplean unos negros pájaros dispuestos en aptitudes variadas y con sus largos cuellos en varias tablas.
La idea que todo el conjunto persigue es la instrucción del pueblo en el relato evangélico, que seguramente no sabían leer. Lo conocen por medio de símbolos de lo que se conoce como “los signos mesiánicos” enunciados por los profetas. Así si nos centramos en la tabla de la Natividad, vemos como se ha representado a Jesús como un niño indefenso, expuesto al frio y a la muerte, externamente frágil, pero capaz de generar la salvación de la Humanidad. En contraste con su humanidad que lo muestra desnudo (para que se vea que es verdadero hombre), aparece rodeado de un halo de rayos y tres potencias coronan su cabeza. La presencia luminosa de los ángeles y su alegría al tocar la trompeta remarcan el hecho sobrenatural del nacimiento del Hijo de Dios. María y José orantes, siguiendo lo relatado en la revelaciones místicas de Santa Brígida de Suecia, los pastores contemplando la escena por una ventana, la mula y el buey ante el pesebre, … Todo ello es la representación de la esencia dual del hombre, compuesto de alma que percibe con su mente y cuerpo que percibe por los sentidos.

BIBLIOGRAFÍA:
ARA GIL, Clementina Julia. Retablo de Nuestra Señora de los Ángeles (o de Nuestra Señora La Antigua), en Catálogo de la exposición Memorias y Esplendores, Las Edades del Hombre, Palencia 1999. ficha nº 20, pp. 90 a 92.
SILVA MAROTO, Pilar. Pintura hispanoflamenca castellana: Burgos y Palencia. Obras en tabla y sarga. V. III. Junta de Castilla y León. Valladolid 1990.

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