sábado, 1 de junio de 2013

Reciclando monumentos.

Carrión de los Condes es una población famosa por sus monumentos religiosos y por ser el centro geográfico del trazado español del Camino Francés. Sus edificios religiosos, en especial sus fachadas, son de una calidad envidiable. La sola visión de la portada románica de la Iglesia de Santiago bien merece una excursión hasta Carrión.

Encorajina de forma especial llegar a una localidad dispuesto a visitar, entre otros, sus iglesias y encontrarnos con sus accesos cerrados a diferencia de lo que ocurre en Francia, Italia e incluso Portugal. En esos casos tan habituales en nuestra región y provincia, salvo en tiempo estival y en determinadas poblaciones, sólo te queda la posibilidad de contemplar sus fachadas, el exterior  de los monumentos religiosos o no, que en una localidad del poso histórico de Carrión se presuponen de cierta valía. No es menos cierto también que dada la calidad de los monumentos públicos civiles de la ciudad de los Condes, casi es mejor sentarse en una terraza y ver el deambular de los turistas de turno con “piernas peludas” y bodys de colores estridentes comprimiendo sus “lorzas ajamonadas”.

El caso es que leyendo, viajando y oyendo lo que se comenta de los monumentos públicos de “la ciudad de los Condes” - obviando los religiosos -, me doy cuenta de cómo hemos sido capaces de reciclar “antiguos monumentos” y reconvertirlos en otros “de nuevo cuño”. No me estoy refiriendo con esto, por ejemplo, a la antigua Cárcel, ahora flamante Casa de la Cultura, Biblioteca, Hogar del Jubilado, oficinas varias, … en suma, espacio multiusos.

En los últimos años hemos asistido a una proliferación de monumentos públicos, nunca antes conocida en ningún otro siglo en la ciudad de los Condes, si bien es cierto que el apelativo de “monumento”, a alguno le queda grande. En el siglo XX sólo se construyeron el Monumento a la Inmaculada Concepción, el Monumento a los Carrioneses Ilustres y el Monumento al Marqués de Santillana. Dos de ellos merecen el nombre de monumento y a buen seguro pasarán a la posteridad, de hecho uno de ellos ha superado ya el siglo de existencia. El del Marqués de Santillana, al menos ha sido ejecutado por un artista reconocido: el burgalés Teodoro Ruiz. Quizás por aquello de ponerle un “pero”, éste es, que se ajustase tan estrictamente a lo encargado por el comitente y de ahí que no alcance la genialidad de obras como el Peregrino sentado junto a la Catedral de Burgos, pieza ejecutada por el mismo artista.

Con posterioridad, ya en el siglo XXI, sin ser monumentos, surgió una proliferación de placas y paneles de azulejos cerámicos de diferentes tamaños, todos ellos bajo una misma estética y producción, llegando algunos incluso a adoptar la forma de túmulos funerarios. De estos les hay para todos los gustos, desde pueblos hermanos, obispos, literatos, devotas mujeres,… A ellos se unieron algunas esculturas de dudoso valor estético, amén de artístico: dos monumentos al Peregrino, el monumento a fray Miguel de Benavides, el monumento a la Cooperativa Agrícola y dos monumentos más fruto del reciclaje: el Monumento a las Víctimas del Terrorismo y el Monumento a los Jesuitas.
                                                               
Esta capacidad de manipulación y engaño, o falseamiento del fin primigenio, me ha hecho plantearme estas líneas. Con una sepultura decimonónica reciclada, se hizo un monumento a las víctimas del terrorismo; y con una escultura del Corazón de Jesús de la Fundación San Antonio de Padua, paradójicamente, en vez de homenajear al representado o a sus propietarios, se homenajeó a los jesuitas. Curioso homenaje a una orden que tanto bien hizo en la ciudad en el siglo XIX y XX, aunque lógicamente, como su estancia en “San Zoilo” fue de “prestado” en un edificio que no era suyo y que sólo abandonaron para que en él se instalase el Seminario Menor, quizás por ello el monumento en su recuerdo sea igualmente “de reciclaje”. Así, rememorando aquel pasado, el monumento ahora a ellos dedicado es “de prestado” y ni siquiera en origen de propiedad municipal, ya que era de la Fundación San Antonio de Padua, la cual generosamente y tras su solicitud, gentilmente lo cedió al municipio según consta en el Acta de la Sesión Ordinaria de la Junta de Gobierno Local del 11 de mayo de 2012. En dicha acta se dice y cito literalmente: “Fundación San Antonio de Padua: comunica la aceptación a la solicitud formulada por el Ayuntamiento para la colocación de la estatua del Sagrado Corazón de Jesús en un emplazamiento destacado del Municipio”. Y tras leer esto, el monumento en sí: ¿Es un monumento al Corazón de Jesús? o como dice la leyenda puesta en su peana ¿es un monumento a la Compañía de Jesús y a los antiguos alumnos jesuitas que estudiaron en su colegio de Carrión?. Bueno será ambas cosas, así “matamos dos pájaros de un tiro” y nos sale más barato, especialmente ahora en tiempos de crisis. Pero hay una cosa que me llama poderosamente la atención y es que extrañamente de quien nos lo ha dado ni nos acordamos salvo en los papeles por aquello de si alguien dice algo.

Pero, si tras leer estas líneas sin ánimo de crítica estás decidido a darte un paseo con las manos a la espalda, disfrutando como un gorrino en un maizal observando semejantes “monumentos”, cabe preguntarse: ¿cómo es que no hay un monumento a los Condes de Carrión?. Ah, claro, es que el título de Condes de Carrión como tal, no existe, y es que Carrión, no se llama “de los Condes” por ninguno de la propia localidad. Reflexiono sobre ello y me quedo más tranquilo. ¡Menos mal que el nombre lo tenemos por unos condes de fuera!. Seguro que con el tiempo, alguien recicla algún monumento a algún conde desconocido y nos lo cuela. Aunque se me plantea la duda de a quién dedicar el monumento. ¿A que conde?, ya que podría ser el Conde de Treviño, el de Benavente, el de Paredes o el de Osorno, ya que entre ellos y su famoso pacto de no agresión surgió parte del nombre de la localidad. Quizás, el avispado de turno lo pida de regalo y si cuadra - esperemos que realmente sea de gratis - entonces: “habemus monumento”, pero si en él no hay varios condes, será un grave error.
Enrique Gómez Pérez. Licenciado en Hª del Arte.

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